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miércoles, 16 de febrero de 2011

De lo profundo de la tierra a la profundidad del ser

Siempre que he tenido oportunidad me he adentrado en las profundidades de la tierra. Sí, en eso que llaman el subsuelo. En la oscuridad de un mundo diferente, que pasa desapercibido para muchos. Y que, sin embargo, descubre lo más esencial de la naturaleza y de los seres humanos.
Una magnífica y novedosa aventura que un día descubrí gracias a unos amigos y que llevaba como título "espeleología". Esta ciencia-deporte me ofreció la posibilidad de adentrarme en un mundo desconocido lleno de enigmas y de sorpresas que, con el tiempo, me regaló la capacidad de introducirme en mi interior. De ver que podía pasar de lo profundo de la tierra a la profundidad del ser. Y que cada una de las realidades o sensaciones que sentía en este 'mundo de cavernícolas' se podía corresponder perfectamente con el mundo humano. Hasta encontrar una verdadera analogía entre lo que se esconde y lo que se aprecia, entre los sentimientos y las acciones. Ahora puedo decir que siento y vivo esa profundidad de la tierra, en el mismo ser. Cuando percibo el silencio, contemplo la oscuridad, y me deleito con la belleza de lo creado descubro mi pequeñez y me asombro de lo que somos. Y constato que nuestro cuerpo físico alberga una caverna subterránea que espera ser descubierta por los demás. Pero, únicamente, por aquellos que tienen la capacidad de asombrarse, de explorar y de arriesgarse. De descubrir que lo importante no es lo que se ve, sino lo que se es y se siente. No busco apariencias ni falsedades. Sino obras que muestren la grandeza de nuestras propias cavernas.
Y me enorgullece conocer a gente así. A personas con una auténtica profundidad del ser, que sería capaz de perderme explorándolas y descubriéndolas. Viendo su valía, su humanidad, su sencillez... Comparable a lo que descubro en lo profundo del suelo: un lugar agradable en el que me siento muy agusto, con una sensación de plenitud excepcional. Me cautivan las personas profundas y su profundidad. No quiero la superficialidad de la tormenta en lo hondo del ser. Quiero calma y certeza. Quiero la profundidad del ser.